viernes, 10 de febrero de 2012

El Ágora, obra de todos... de unos más que de otros

Reza la “nueva” placa atornillada a las puertas del Ágora: “A Coruña, obra de todos”. Es cierto, es una obra de todos, aunque ocurre que es más de unos que de otros. Y me explico en unos párrafos que no esconden las ganas de echarlo fuera que, en ocasiones, le invaden a uno.

El Ágora es una idea de Paco Vázquez y su gobierno, como muchos otros proyectos sociales y culturales que arrancan a finales de los 80. Son obras de todos y, sobre todo, para todos. Infraestructuras que llegan a los barrios y que se ejecutan en época de bonanza económica.

El Ágora es una obra de Javier Losada y su gobierno. Desde el concurso de ideas, hasta las criticadas “maquetas”, pasando por la búsqueda de financiación (Fondos Europeos en gran medida). Una infraestructura que representa, en la primera década de este siglo, un nuevo y último impulso a las políticas sociales, educativas y culturales, con más obras (más centros cívicos, más bibliotecas, más escuelas infantiles…) y con más programas (Talón Restaurante, Ayuda a Domicilio…)

El Ágora es una idea y una obra de los coruñeses, que la comprenden y la valorarán porque antes han tenido a su alcance lo que muchas ciudades no tienen todavía hoy: la mayor red de centros cívicos, bibliotecas y escuelas infantiles municipales; la mayor red de museos científicos; la mayor red de programas sociales, educativos y culturales; un gobierno progresista que siempre dio preferencia a la igualdad de oportunidades.

Por eso, los coruñeses entienden lo que es el Ágora y por eso pueden presumir de centro cívico cultural, el mayor centro intergeneracional de España.

Los que poco pueden presumir de Ágora son los que utilizaron este edificio como arma arrojadiza. Dudo incluso que lo comprendan, salvo alguna o una excepción, en el nuevo gobierno. Nació, quizá, en mal momento: en la travesía de la bonanza a la crisis económica. Y ese fue el argumento al que se agarró el PP para atacar un centro social y cultural (como antes criticó el centro de mando de Protección Civil, al que consideró un lujo y que ahora usa)

El Ágora se presentó a los coruñeses antes de las elecciones porque era el resultado de un mandato y porque era de los coruñeses. Decisión discutible o no, los vecinos valoraron lo que vieron: un gran edificio a su servicio. Había una programación definida y prevista para poner en marcha el Ágora de manera escalonada, con la entrada en funcionamiento de los servicios de manera paulatina.

Sin embargo, tras las elecciones y con el nuevo gobierno de Carlos Negreira, el edificio quedó cerrado de manera indefinida.

Siete meses cerrado a pesar de que las obras se acabaron en junio. Siete meses cerrado a pesar de tener programación y partidas presupuestarias para mantenimiento y suministros. Siete meses cerrado con excusas y vagas explicaciones.

Y a los siete meses reabre sus puertas con un director que dimite, sin programación (lo poco previsto coincide con lo que dijeron que no se había programado) y sin servicios (ni biblioteca de adultos, ni SIVO, ni Oficina de Registro, ni…)

Pues a los siete meses volvemos al principio, con un edificio que abre sus puertas a medio gas y un gobierno del PP ahogado en contradicciones. Cito algunas:

El Ágora es un “mausoleo” y un “despilfarro” (Negreira dixit). La estrategia se resume en desacreditar y emborronar el legado de su antecesor, la gestión del anterior gobierno, para situar el listón más bajo a la hora de medir sus posibles logros posteriores. Queda demostrada esta afirmación al comprobar que el discurso cambia cuando se presenta fuera. En Fitur el alcalde dijo que era un “centro cultural de vanguardia”.

El director nombrado por Negreira cesa “por motivos personales”. Me pregunto si nadie se fijó en su currículo, donde ponía que era de León y que tenía familia (como todo el mundo)… Una concejala que asume la dirección para escapar de “personalismos”… Discusión, por no decir pelea, entre dos concejales por quedarse con el edificio… suministros que no llegan después de siete meses; etc etc.

Y lo último. La última excusa, la última oportunidad de criticar al anterior gobierno es que en el proyecto faltaba la salida de humos de no sé qué. ¡Y que han hecho estos siete meses? Vale que el arquitecto, o el aparejador o quien fuese se olvidase de cualquier cosa, pero después de siete meses en el gobierno, que no gobernando, ¡algo habrán hecho más que mirar para las paredes del Ágora! ¿No será el anterior gobierno responsable también de que el Ágora reabra a los siete meses sin una salida de humos de no se dónde? Y además, quién ha recepcionado la obra más que el alcalde, Carlos Negreira.

Perdón, lo último no es lo de la salida de humos. Lo último es lo primero: la placa.

Negreira lleva al pleno una moción para que, a partir de ahora, las placas no lleven nombres. Y con esa moción aprobada por todos se legitima a sí mismo para colocar una placa nueva que reza “A Coruña, obra de todos” y quitar la que se colocó con motivo de la presentación del Ágora y en la que aparecía el nombre del anterior alcalde.

Cuando alguien quita la placa de su antecesor, cuando uno es incapaz de reconocer los logros de anteriores gobiernos, cuando uno dice una cosa aquí y otra fuera, cuando uno gestiona el pasado y renuncia a gobernar el presente…cuando uno hace todo eso no hacen falta más palabras.

Una curiosidad, cuando reforme o remodele algún centro cívico, biblioteca, guardería o polideportivo, si lo hace, también retirará la placa colocada en su día por el alcalde (Javier Losada, Francisco Vázquez y antecesores)…

Una curiosidad más y última, cuando se haga la remodelación del Parrote, que tengo mis dudas sobre el proyecto, Carlos Negreira también retirará la placa de Francisco Vázquez, allí colocada,  por donde discurrirá el parking…

Sí, el Ágora es obra de todos, pero de unos más que de otros. Mal que le pese a esos otros.